Diario del Mar

"Me llamo Katherine Greenwood Wells, tengo dieciocho años. Nací en una cuna hecha de olas, mecida por el vaivén del maravilloso océano. El mar corre por mis venas. Mi madre se llamaba Anne Wells, y falleció cuando yo había cumplido seis años. Mi padre, Alfonso Greenwood, me enseñó todo lo que sé sobre el mar, pero por desgracia, desapareció hace dos años, sin dejar rastro. Y desde entonces, no he dejado de buscarle."




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martes, 30 de octubre de 2012

DDM: Capítulo 46

Hola!
Aquí os dejo el capítulo 46, espero, de verdad, que os guste :)



Un terrible zumbido, un pitido ensordecedor, nada más que eso.
La negrura me había inundado, y el dolor de la cabeza era insoportable. Notaba ligeros balanceos, la brisa rodeándome, diferentes texturas.
¿Qué pasaba?
¿Eso era estar muerto?
Pero de pronto, un eco muy lejano, que iba tomando forma en mi oído, hasta ser una voz. Una voz borrosa. No sabría cómo describirlo. Como si entre esa voz y yo hubiera un muro...
Intenté moverme, intenté hacer algo para notar mis extremidades, para sentir mis músculos. Pero mi cuerpo estaba entumecido, y nada parecía responder.
Hasta que pude entreabrir los ojos.
El pitido seguía presente en mi oído, pero lo notaba más suave.

La luz de aquel lugar, por tenue que fuera, me deslumbró. Todo era blanco, y tuve que cerrar los ojos durante unos segundos.
Lancé un gemido gutural, que se quedó en mi garganta. Estaba tumbada sobre algo duro, pero no parecía mármol.

Lo primero que hice fue mover los dedos, hasta que fui consciente de que no había perdido movilidad, y que seguía viva.
Traté de incorporarme, emitiendo leves gemidos de malestar, y con extrema torpeza.

Pero de pronto, cuando me disponía a inclinar la cabeza, otro terrible golpe en la sien, que dolió el doble.
Caí pesadamente sobre el suelo, abatida.
La negrura había vuelto a tirar de mí.

***

Impotencia.
Esa era la palabra que me describía en aquel momento.
No tenía el control de mi cuerpo, y el horrible pitido seguía ahí, mientras mi sien zumbaba de dolor. No podía moverme, o no quería. Lo intentaba, aunque tal vez sin mucho ímpetu.

¿Qué pasaba?
No entendía nada, y la negrura me rodeaba, cual irrompible jaula.
Pero no podía rendirme, debía despertarme de aquel trance, para saber dónde me encontraba, y qué había pasado. Porque sólo recordaba los gritos de Jacob Fellon, exclamando mi nombre, diciendo que me encontraría... Y después... después la más auténtica nada.

Me concentré en mis extremidades, hasta que fui capaz de moverlas. No pude evitar los gemidos que salían de mi garganta, de dolor y por lo desorientada que estaba.
No me encontraba con fuerzas para abrir los ojos, aún no, pero sí para colocar las frías y entumecidas palmas de mis manos sobre el suelo, que estaba igual de frío. Me impulsé hacia arriba, y conseguí incorporarme medianamente, aunque con extrema lentitud y torpeza.

Y cuando abrí los ojos, no me deslumbré, ni nada parecido.
Aquella era la prueba definitiva de que seguía viva, porque nada era extraño, ni irreal.

- ¿Jacob? -gemí, sin fuerzas.

Todo estaba en penumbra, y casi no podía distinguir donde estaba.
Me fijé en que seguía llevando el vestido del baile, y cuando moví las manos... el sonido fue tan nítido, que fui perfectamente consciente de lo que pasaba; la muerte iba a ser lenta.

Porque estaba encerrada y encadenada.

El metal las cadenas relucían por la tenue luz, y me intenté tranquilizar.

- ¿Diana? -pregunté, con un hilo de voz.

Pero estaba sola en aquella fría y vacía habitación.
En un desesperado intento de huir, me levanté con rapidez, aunque con torpeza, y estuve a punto de caer. Una pequeña ventana era el único foco de luz de aquella estancia, y supe que la habitación pertenecía a un sótano, ya que era la típica ventana pequeña y enrejada.

Una vez de pie, tuve que cerrar los ojos por el dolor de mi sien. Me llevé la mano hasta la cabeza, y toqué algo líquido; estaba sangrando.

Maldije por lo bajo, y posé la vista sobre la ventana de rejas. Tenía que intentarlo, aunque fuera imposible encontrar una salida. Palpé la pared, pero era totalmente lisa, hasta que una viga de madera me hizo creer lo contrario. Coloqué los pies sobre la viga, y me estiré cuanto pude para intentar agarrar los barrotes de la ventana, pero era imposible. Estaba muy alta, y las cadenas no me permitían tan amplio movimiento.

Pero no perdí la esperanza, y me puse a gritar.

- ¡¡Ayuda!!

Si la ventana daba al exterior, era probable que alguien pudiera oírme, pero el único problema era que no sabía dónde estaba situada aquella casa. Ni si esa ventana daba a la calle, o a un jardín privado.

Grité varias veces más, lo más alto que pude, hasta que, desafortunadamente, desistí.
Me derrumbé en el suelo, notando los enganches de las cadenas en la pared en mi espalda, clavándose en mi piel como cuchillos.

Suspiré, cerrando los ojos, mientras la impotencia crecía y crecía. Me dolía la cabeza, y el pitido seguía ahí, aunque mucho más suave. Mis manos y mis piernas temblaban, y no sentía los dedos. Mis músculos estaban entumecidos por el frío de la habitación.
Me hundí en el enorme vestido de baile, para entrar en calor, justo en el momento en que mis ojos ardían por las lágrimas.
¿Para qué reprimirlas?

Hundí el rostro entre las manos, deshaciéndome en un mar de lágrimas, lágrimas llenas de impotencia y rabia.
Estaba encerrada, desconocía el lugar, no sabía dónde estaban mis compañeros, si ellos habían corrido la misma suerte, o ya habían pasado a mejor vida.

El llanto se intensificó, limpiando mi interior, sacando todos los sentimientos ocultos a flote.

En mi mente seguían clavados los ojos verdes y húmedos de Jacob, mirándome con tristeza y dolor, sufriendo. Había podido notar su tristeza, lo había notado en su contacto desesperado, en su voz gritando mi nombre, en su voz prometiéndome que me encontraría. ¿Sabía él ya que nos iban a encerrar, antes de matarnos?

- Por qué... -gemí, llorando.

¿Qué pasaría? ¿Qué me harían...? ¿Sería una muerte lenta y dolorosa, como había dicho la reina...? Deseaba que no fuera así.

Las lágrimas bañaban mis rostro, sin poder yo frenarlas.
Era un llanto desesperado, furioso, impotente, apenado.

Hasta que el ruido metálico de un pestillo me hizo alzar la mirada borrosa.
Me quedé en silencio. El llanto había frenado en seco por la tensión y el miedo. El chirrido de la puerta abriéndose, y una llama arrojando su luz, inundando la habitación.

Pero la habitación ahora era la menor de mis preocupaciones; mi mirada estaba centrada en esa silueta negra e imponente, recortada sobre la puerta, oculta por la luz de su antorcha.

- Veo que estás despierta. -su voz era grave y fuerte, no me sonaba de nada. Nunca antes la había oído.

Sus lentos pasos, pero bien marcados, me hicieron temblar de miedo.
¿Miedo?
Podía admitir que era la segunda vez que pasaba el mayor miedo, después de la muerte de Harry...

- ¿Quién... quién eres...? ¿Qué hago aquí...? -susurré, mientras mi voz temblaba.

El hombre lanzó una carcajada un tanto malvada, y se acercó más a mí.

- ¿Recién levantada, y tantas preguntas? -su voz sonaba cada vez más cerca, pero yo no me atrevía a mirarle a la cara. -Princesa, voy a ser tu peor pesadilla.

El corazón me latía con fuerza, haciéndome daño en las costillas, y su voz no ayudaba mucho.

- Y veo que ya te preguntas que qué haces aquí... -hizo una pausa, en la que se irguió, y caminó en frente de mí, paseándose con la antorcha. -¿Recuerdas lo que pasó antes de que te quedaras inconsciente?

Yo asentí con lentitud, justo en el momento en el que alzaba la mirada hacia el hombre.
Tenía una horrible cicatriz en la boca, que le atravesaba los labios verticalmente, cerca de la comisura izquierda. Sus ojos estaba encendidos por la chispa de la venganza, y notaba sed de sangre en su expresión.

Verle no arregló nada, sino que aumentó mi miedo.

- Bien... La reina dijo que vuestra muerte sería lenta y dolorosa. Y así será. Ya que os tenemos, y estáis en nuestras manos, ¿por qué no divertirse un poco?

Dio un paso más, marcándolo con fuerza, y se giró hacia mí, sonriendo.

- Destruir a la familia Marina... Una frase que era tan lejana... Y ahora podemos cumplirlo. Podemos destruiros, así que es obvio que lo haremos de la forma más placentera para nosotros. Y esa, Princesa, desgraciadamente para ti, es la muerte lenta y dolorosa.

Sus palabras se clavaban en mi corazón como estacas recién afiladas, haciéndome jadear de miedo, y haciéndome querer llorar.

- Y para ello, os hemos separado. A ti y a tus amiguitos. Pero Jacob y tú seréis los únicos en morir.

- ¿Y qué pasará con los demás...? -susurré. -Ellos no tienen la culpa de nada...

Pensé en Diana, en la pobre Di, embarazada, temblando, sollozando, sola...

- No morirán, pero sufrirán. No te preocupes por ellos, cielo. Serán explotados como esclavos, para que trabajen en las minas, o para que trabajen los campos... Ahora no sabría decirte con exactitud. Tal vez sea un destino peor, pero es lo que hay, Princesa...

- No... -sollocé. -No, por favor, no haga eso...

- ¿Cómo te sientes? ¿Imponente, verdad? Ver que no puedes hacer absolutamente nada por nadie, y que tu vida está perdida. Que eres un barco que se hunde lentamente, hasta desaparecer en el fondo del mar.

Intenté calmarme, y frenar el llanto, para no parecer más débil de lo que era.

- Y Princesa, que sepas que estás bajo mi poder, ¿entiendes? Que desobedecerme o rebelarte no te traerá nada bueno, sólo problemas y más dolor. Harás lo que yo quiera, yo decidiré por ti. Correrás casi la misma suerte que tus amigos, a diferencia de que serás mi esclava, y de nadie más. Y vivirás aquí abajo, para sentir lo que es vivir recluida, sin ver a nadie, ni siquiera la luz del sol.

Alzó la mirada hacia la ventanita, y rió:

- ¿Crees que va a estar así para siempre? La taparé, tranquila. Para que puedas descansar mejor.

Me mordí la lengua, hasta notar el sabor metálico en mi boca.

- ¿Qué, Princesa? ¿Qué opinas de todo esto? ¿Es de tu agrado? -sonrió malvadamente. -La habitación no está muy decorada, lo sé, pero es un sótano, un sótano para mantenerte encerrada, así que creo que la decoración es lo de menos...

Su risa me hacía daño en los oídos, y tuve que cerrar los ojos, y concentrarme en otra cosa. En la suave y melódica risa de Jacob. En sus brillantes ojos verdes. En su pelo rubio, en su tez bronceada.

- Sabes que... que es probable que no seamos los últimos descendientes Marinos... ¿no? -conseguí murmurar.

- ¿Qué? -preguntó. -Ah, tranquila, de eso ya nos hemos encargado. -su torcida y fea sonrisa me hizo temblar. -Todos los posibles humanos que poseían sangre Marina han sido eliminados. Y Harry Jones se autoeliminó sólo...

Harry.
Su nombre traspasó mi alma, como si se tratase de una afilada cuchilla.

- Así que sólo quedáis vosotros.

Sus palabras me había dejado sin aliento, y más aún por el hecho de haber pronunciado el nombre de Harry.

- ¿Alguna objeción? ¿Tienes alguna pregunta más? La responderé con gusto, mi Princesa.

Se inclinó ante mí, y acarició mi mejilla con aspereza.
Sentí nauseas cuando noté su piel rozando la mía.

- Jamás haré lo que me pidas, sucia rata.

Y acto seguido, le escupí con mi mayor furia.
Se quedó parado y con los ojos cerrados, torciendo los labios. Se limpió con la manga de su chaqueta, después de apartar la mano de mi mejilla.

- Empezamos mal, Princesa. Estoy siendo demasiado bueno contigo.

Y después de pronunciar esas palabras, la palma de su mano, azotó mi mejilla, haciendo que esta ardiera de dolor.

Giré el rostro, con los ojos bañados en lágrimas, sin mirarle.
La piel me ardía de dolor, y la furia hervía en mi interior.

El hombre se marchó con paso firme y más rápido, y cerró la puerta con pestillo, llevándose consigo la luz de la habitación.

Y una vez sola, esa furia se transformó en dolor y tristeza, y dejé que las lágrimas bañaran mi rostro herido.


6 comentarios:

  1. ¿POR QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE? Esto es injusto..Nos quieres hacer sufrir y nos quieres matar lentamente,a nosotros y a ellos...A TODOS! No tía,que me ha encantado *-* ¿Para qué decirte que escribes perfecto si ya lo sabes? Te quiero osito <3

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    1. PORQUE SIIIIII ^^ Lo sé, hija, lo sé jajajaja Pero bueno, ya sabes que aún quedan unos cuántos capítulos jajajaja
      Te quiero osito <333

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  2. Me encantaa April!! A ver, no me tomes a mal. Me encanta el capítulo no que sufran ;) Bueno, igualmente me has dejado con muchísimas ganas del siguiente así que... más te vale tenerlo prontito!
    :) Muchos besoss April

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    1. Aw, muchísimas gracias Criskti!! ^^
      Muchos besos Criskti!

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  3. Que triste, buen capiyulo,muchos besos

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    1. Muchísimas gracias, Bella13!
      Espero que siempre tengas un ratito para leer mis capítulos :')
      Un besoo!

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